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Terra
La Coctelera

Categoría: De este mundo

Desencuentros de jóvenes artistas navarros

Sí amigos, eso es lo que ha demostrado ser este certamen en lo que a "arte" se refiere.

Un amigo me dijo hace unas semanas, a razón de contarle que yo era uno de los finalistas del concurso: "Buf, los Encuentros han perdido toda credibilidad, no valen para nada". Yo, con la miel en los labios por mi posición de finalista, hice caso omiso ante el comentario y seguí cultivando la felicidad en mi cabeza, porque algunos de mis sueños estaban en juego.

El resultado de la categoría Creatividad Audiovisual se hacía esperar, pero se dio a conocer el fallo de Música. La polémica se incendió como la pólvora: un finalista había sido descalificado en la final. La razón, según se dice, por una supuesta censura del certamen. El tablón de Facebook de Encuentros se llenó inmediatamente de reprimendas de usuarios, algunos pidiendo explicaciones, otros declarando haber perdido definitivamente la credibilidad en el certman. ¿Por qué se descalifica a un grupo que previemente ha sido seleccionado como finalista?

Y después, ya para mi desgracia personal, llega a mi correo un escueto mail con el fallo de Creatividad Audiovisual. No figuraba entre los 3 ganadoras, custión que siempre fue una posibilidad. Pero eso no lo era lo más decepcionante, sino la selección de las obras ganadoras.

No merece la pena entrar a valorar el arte contemporaneo y su validez, y menos como algo que se puede compartir conmigo universalmente o que pueda ser objetivable. Sólo hablaré de mi perspectiva personal como autor audiovisual: una obra, de 1:55 minutos, en la que una pareja mastica verduras y las escupe hasta crear un gazpacho que luego se "bebe" (creo que he estilizado el resumen para bien) se ha hecho con un premio de 2100€, más otros 1500€ destinados por obligación a una nueva obra artística. Osea, 3600€ en total. Haciendo hipotéticas porras con compañeros de oficio, todos valorábamos esta obra como la menos "artística/poderosa/impactante" de las 10 finalistas. Y además, Mr. Bean ya hizo un gag similar creando un té en su boca en los primeros minutos del filme "Bean" (Mel Smith, 1997). Ni siquiera se puede decir que sea original.

Yo veía el máximo potencial en obras como el videoclip Driveways de Mikel Arraiz, con una fotografía bastante profesional y un buen hacer detrás. Pero viendo el resultado final, tiendo a creer que el jurado no ha valorado la profesionalidad del producto (y hablo de profesionalidad en términos técnicos y objetivos, como la fotografía, el montaje, la música y, ya en lo personal y subjetivo, de términos artísticos: la actuación, la narración, la tensión, el drama, las sensaciones...). Ninguna de las 3 obras ganadoras me ha transmitido sensaciones suficientemente potentes en los aspectos mencionados.

¿Qué nos queda entonces? Supongo que la opción restante, la única a través de la cual podemos entender esto, es el clavo ardiendo al que agarrarse cuando el sinsentido se apodera del criterio: el esnobismo. El diccionario explica la palabra así:

  • Exagerada admiración por todo lo que está de moda o se considera distinguido y elegante.

Y es justo eso de lo qe se ha pavoneado el tribunal, de ver en lo mediocre lo superlativo, en lo poco vistoso lo bello, en lo escaso de ideas lo creativo. Me parecería injusto valorar los intereses y los enchufes como una opción válida.

Acato sin cuestionar la validez del veredicto de este jurado, que a mi entender poco ayuda así al artista joven navarro, falto de medios, pero lleno de ideas y de ilusión. Pero mi juicio es inquebrantable y puedo valorar para mi y los que quieran leerme.

Una obra sobre la fabricación de un gazpacho con la boca puede idearse, producirse, rodarse y montarse (tal y como la hemos visto en el certamen) en una tarde. Y probablemente nos sobraría tiempo para hacer la colada. Un videoclip como Driveways, o un cortometraje como EKT-09 o Foto de familia son producto de días (por no irnos a meses) de guión, planifiación, producción, rodaje, montaje, postproducción. Por no hablar de los desembolsos económicos del presupuesto y gastos de producción (dietas de equipo, gasolina, vestuario, decorados, alquiler de cámaras, sonido, etc) en la mayor parte de los casos, cantidades desorbitadas para un joven navarro que quiere ser artista audiovisual. Esa es la realidad de ser un artista que necesita ayudas.

En mi caso personal, los 3600€ eran un sueño utópico de financiación de un cortometraje que planeo hacer, pero para el que me hace falta un gran desembolso, fuera del alcance de un joven artista navarro.

Lamento que se infravalore así nuestro trabajo.

Al borde del fin de una década

Sí, amigos. No sólo abandonamos el año 2009, sino que abandonamos la década de "los 2000". No adentramos en lo que, avunturo, será llamado "los años 10" (del siglo XXI).

Con el cambio de década, se cierran varios capítulos: los vitales, los profesionales, los culturales... Pronto podremos decir, "Qué ropa más horrible, ¡es tan de los 2000!" o "mira, ¡es la típica canción de los 2000!". Tenderemos, como siempre hemos hecho, a trazar una línea imaginaria que rompa, por corte, todo lo que antecede a esta fecha y todo lo que la precede, a veces, ingnorando que se trata de un avance fluido y continuo.

Quedan ya arcaicas las predicciones no ocurridas sobre nuestra última década, enfatizada por el inicio del milenio. El dichoso "efecto 2000" no ocurrió. En 2001, ninguna computadora llamada HAL 9000 se rebeló con su inteligencia artificial, aunque otros efectos no previstos, como la caída de las Torres Gemelas, marcaron el inicio del declive de USA como primera potencia mundial. Luego llegó su primer presidente negro. El presidente Aznar duró hasta 2004, y desde entonces manda Zapatero. Hemos pagado en Euros durante toda la década... y así, incontables cambios decisivos a los que ya no damos tanta importancia.

Por ello, digan adios a "los 2000". Cambien el chip y piensen en ellos como el pasado, y pasen un ¡feliz fin de década!

La rebelión de las uvas

El diabólico poder de las uvas se manifiesta de cuando en cuando. Las víctimas, en la mayor parte de los casos, apenas sobrevivien para contarlo. Esta fruta aparentemente inofensiva recoje un poder destructivo más allá de lo conocido.

Nosotros las estrujamos y sacamos vino de ellas. Lo bebemos y lo disfrutamos de forma hedonista y esnob. Pero ellas no lo permitirán eternamente, y de la misma forma, ellas pueden hacer vino con nosotros.

El poder de la uva no sólo ataca a la física del hombre, sino también a su psique.

La conspiración se ha elevado a las más altas esferas, implicando a personas como nuestro propio ex-presidente, que, suplantado por la uva, echó por tierra todo el trabajo de la DGT.

Siendo así, maniobras como esta, la camuflen de lo que la camuflen, no son mas que el inicio de una posible pandemia mundial.

RIP J.G. Ballard

James Graham Ballard (18 de noviembre de 1930 - 19 de abril de 2009) fue un escritor británico de ciencia ficción. Un gran número de sus escritos describen distopías.


VIDA:

Nace en Shangai (China), y durante la Segunda Guerra Mundial fue encerrado junto con su familia en un campo de concentración japonés, experiencia que relataría en su obra El imperio del sol, propuesta para el Booker Prize, ganadora del Guardian Fiction Prize y que más tarde llevaría al cine Steven Spielberg en la película homónima.

En 1946 su familia se traslada a Gran Bretaña e inicia estudios de medicina en la Universidad de Cambridge, aunque no los completará. A continuación, trabaja como redactor en un periódico técnico y como portero del Covent Garden, antes de incorporarse a la RAF en Canadá, como piloto. Una vez licenciado, trabaja durante seis años como adjunto a la dirección de una revista científica, para pasar más tarde a dedicarse por completo a la literatura.

Fallece el 19 de abril de 2009, víctima de una larga enfermedad.


OBRA:

Sus primeros cuentos datan de 1956 y en los años 60 se convierte en uno de los autores de referencia de la llamada nueva ola de la ciencia ficción inglesa. Su literatura desarrolla la problemática del siglo XX, ya sean las catástrofes medioambientales o el efecto en el hombre de la evolución tecnológica.

En su primera novela, El mundo sumergido (1962), imagina las consecuencias de un calentamiento global que provoca que los casquetes polares se derritan. Le siguieron El viento de ninguna parte (1962), La sequía (1965) y El mundo de cristal (1966), ambientada en un área boscosa de África occidental que está, literalmente, cristalizándose.

En 1973 publicó Crash, una meditación turbadora y explícita sobre la relación entre el deseo sexual y los coches, y que provocó un un tenso debate sobre los límites de la censura contra la «obscenidad» cuando David Cronenberg la adaptó al cine en 1996. La película estuvo a punto de no poder ser estrenada en Inglaterra. Tras Crash llegaron La isla de cemento (1974), Rascacielos (1975), Compañía de sueños ilimitada (1979) y Hola América (1981).

En 1984 Ballard llegó a un público mucho más amplio con la obra autobiográfica El imperio del sol, la historia de un niño en tiempos de guerra, que luego continuó en La bondad de las mujeres (1991). El día de la creación, otra novela situada en África, se publicó en 1987 y Desbocado en 1988.

Sus novelas más recientes son Fuga al paraíso (1994), un relato apocalíptico que transcurre en un atolón del Pacífico, Noches de cocaína (1996) y Super-Cannes (2000), ambas reelaboraciones de la novela negra clásica en una decadente Costa del Sol, la primera, y en la Riviera, la segunda. Ballard es también un autor de relatos muy prolífico y, en 1996, apareció su colección de ensayos y reseñas Guía del milenio para el usuario.

Fuente: Wikipedia

Shooting in Salamanca

El blog va a estar parado desde hoy hasta, al menos, el lunes. La razón: Santos va a rodar su guión, merecedor del primer premio en el concurso de guión de cortos de la Universidad de Salamanca y recompensado con la posibilidad de rodarlo. Prestaré toda la ayuda posible y, como siempre, aprenderé muchas cosas nuevas. O eso espero, jaja.

En breve, "Una peli de mierda" tendrá cara.

All days breakfast

Puente en Londres. Improvisado y exprimido al máximo. Ocasión perfecta para ir a un cine extranjero por primera vez. La víctima fue Iron Man, en el Odeon de Leicester Square, con un sistema de sonido que superaba a todo lo que mis oídos hubieran escuchado. Una banda sonora compuesta por AC/DC, Suicidal Tendencies o Black Sabbath fue el colofón. La película no resultó redonda, quizá por lo encorsetado de su fórmula, pero sí muy apurada y sin visibles chapuzas.

Hubo tiempo para la cultura, sobre todo en las librerías de los museos, donde pude adquirir tres libros impensables en las librerías nacionales. Además fomentan eso de "así de paso aprendo inglés". Uno de ellos es la transcripción de los diarios de Nikki Sixx durante 1987: The Heroin Diaries. Me ha atrapado por completo con su hipnótico descenso a los infiernos de la drogadicción. Los otros dos libros fueron: uno de autoayuda cinematográfica (que viene a llamarse "Lo que no te han enseñado en las escuelas de cine") y otro sobre cine de ciencia ficción ("The Rough Guide"). Este último me interesó por superar el repaso a los clásicos del género e ir más allá (videojuegos, series de tv, géneros híbridos...).

Y hubo juerga. Descubrí que en Londres existe cierta subcultura del futbolín, así como la inmensa incompetencia de un servidor tratando de jugar. La fiesta se eleva allí a ritmo de pintas de creveza (que nadie espere un spanish cubata, porque la lleva clara y su cartera también), aunque también se permiten algunos chupitos ígneos. La última noche fuimos a parar a una discoteca/bar hardrockera, llamada "The Sin", que fue lo más parecido a montar en una máquina del tiempo: éxitos inmortales de los 80, gente con el pelo cardado, tatuajes interminables, mujeres de escándalo, tachuelas y mucho cuero. De esas cosas que por aquí no hay. Ver para creer...

Nada como un zumo natural conocido como "hangover cure" para poner las cosas en su sitio al día siguiente. Y tras ser obligado a descalzarme por el guarda de seguridad del aeropuerto, tocó correr y correr por la terminal con los cordones desatados para no perder el avión de vuelta.

Fotorrock

El fotográfo del rock es Ross Halfin. A priori es una afirmación extrema, pero no tanto si revisas su currículum.

Halfin, un inglés de 1958, huyó de la escuela de arte para dedicarse a la fotografía. Trabajó para una revista cuyo redactor encargaba a Ross fotografiar a las bandas emergentes de rock duro en Inglaterra, precursoras de lo que luego se conocería como heavy metal. Pronto entabló amistad con Iron Maiden, Def Leppard y demás camaradas.

En los 80 ya se le llamaba "Mr. Rock Photographer". Pero si de algo ha podido fardar es de haber sido y seguir siendo freelance. No trabaja para ninguna revista, pero todas se pelean por sus fotos. Fotografía los grandes conciertos masivos, a las bandas en su intimidad, en posados, durante las giras o simplemente para los libretos de los álbumes. Bueno, y también hace fotografía de viajes.

Odiando a Todd McFarlane

En la época en la que más cómics consumía, poco se podía saber sobre sus autores. Memorizaba, sin quererlo, un glosario de nombres de guionistas, dibujantes y entintadores que se repetían mes tras mes en esa misma página en la que leíamos "Stan Lee presenta".

Con la era de internet, esos autores ya tienen cara y voz. Pasaron de ser una persona abstracta a un artista con opiniones y personalidad propias. Todd McFarlane nunca sido para mi un artista que tuviera ganas de conocer. Su trabajo, aunque sorpresivamente revolucionario en cuanto a conceptos, era bastante mediocre en cuanto a técnica. Pero quién sabe, quizá el tipo era un almacén de humildad y superación, una persona con buen sentido del humor, autocrítico y cercano.
Nada más lejos de la realidad: Todd McFarlane es un auténtico cretino. He tenido dos formas de verlo (sufrirlo, porque es como ver hablar a un ventrílocuo cocainómano), y, casualmente, ninguna de las dos ha sido YouTube ni Internet.

La primera fue en el DVD de Spiderman (2002). Un gran reportaje sobre la historia de Spiderman como viñeta, de unos 25 minutos, repasaba la historia del cómic con sus personalidades más representativas: El entrañable Stan Lee contaba el nacimiento del héroe desbordado por la pasión, John Romita Sr. hablaba de los años dorados con un tremendo romanticismo y... Todd McFarlane se echaba flores y más flores sobre su trabajo. Mejor dicho, sobre su persona. Que si "yo me inventé que Spiderman se retorciera", que si "Mary Jane tenía un look de los 70 y yo le cardé el pelo como en los 80", que si "yo cree la telaraña gruesa en vez de hilo", que si "yo le hice a Spiderman los ojos enormes por primera vez", y un largo etc de oraciones en las que el YO era omnipresente.

Que sí, Todd, que trajiste unas cuentas ideas para modernizar la estética del personaje, pero leches, que lo dibujaste mal y que eres un vago ególatra. John Romita Jr. es hijo de uno de los mayores iconos del cómic (y también autores de Spiderman), y ni él ni su padre se lo creen tanto como tú, aunque te dan mil vueltas. En ese mismo documental, Romita Jr. confesaba "Nunca estoy contento con mi trabajo. Cuando miro atrás, veo los fallos, y me esfuerzo por mejorarlos en el futuro".

La segunda ocasión fue con el DVD de Terminator 3: La rebelión de las máquinas (2003). Todavía no sé por qué, se incluyó entre los contenidos extras un minirreportaje de la gama de figuras de acción, como marketing para la película. En dicho video, Todd confesaba, entre líneas, que está muy cómodo siendo un empresario, y sin trabajar, en este caso, gracias al mundo de los juguetes. McFarlane Toys tiene a un equipo de auténticos artistas esculpiendo y modelando personajes con total realismo a una escala diminuta. Todd explicaba como él (yo, yo, yo) es el que les dice, "lo quiero así, lo quiero asá" y cuando le muestran un modelo de trabajo por videoconferencia, él (yo, yo, yo) dibuja un boceto en un papel y lo acerca a la webcam para que lo repitan de nuevo. Y Todd te lo explica como si él fuera el genio.

Su ego fue tan grande en los primeros noventa, que pensó que en Marvel Comics eran unos opresores muy malos y fundó Image Comics junto a otros artistas con el pavo subido. Fue entonces cuando coronó su carrera con el cómic Spawn, un personaje bastante facilón, pero con mucha estética (de esa que le gusta fardar). En pocos años (menos de los esperados), dejó de dibujar el cómic, poco después dejó de guionizarlo, algo después, se centró en idear únicamente el argumento, y, desde hace todavía más tiempo, ya no hace nada. Nuevamente un ejercito de profesionales (probablemente superiores a él) le hacen todo el trabajo.

Así vive Todd McFarlene, el autor más influyente del cómic-book americano (o eso le gustaría a él).