Llegó el momento de decir adios, sea definitivo o temporal, a Antonio Gasset. Presentador habitual en las madrugadas de La 2 con sus programas "Días de cine" y "Off cinema", siempre emitidos a esas horas moribundas para la parrilla.
Con él se va un icono de la crítica e información de cine en televisión, junto a J. L. Garci e incluso la Guillén Cuervo. Irónico, crítico y de voz lineal e inexpresiva, Gasset se labró una buena fama soltando pedradas contra todo lo que se movía. Ya fuese su propio programa o el cine hollywoodiense, nadie salía vivo de la quema.
Seamos más o menos seguidores de su espacio, echaremos de menos su genuina y creciente lista de improperios, que nos rendían a sus pies. Aquí se recogen algunos de los más célebres:
1. Soy consciente que a la hora de emisión de mi programa solo puede ser visto por un puñado de poli-toxicómanos insomnes.
2. Ahora pueden ustedes hacer un montón de cosas aprovechando los interminables minutos de publicidad.
3. Buenas noches a todos, pero antes de despedirnos, un consejo: no os droguéis, porque la ingesta de estas sustancias puede producir efectos indeseados. Un amigo mío se tomó el otro día cierta pastilla y creyó ver a George Bush leyendo un libro.
4. Y ahora, si nos perdonan, vamos a hablar de cine español.
5. Y llegamos a la pausa en este programa del que tan orgullosos nos sentimos. No así de algunas compañeras de la 7ª planta de Torrespaña que fuman saltándose la norma que tanto nos beneficia a todos.
6. Como no sabíamos a que dedicar algunos minutos del programa, dada la calidad de la mayoría del cine que se estrena, hemos echado mano de las hemerotecas y nos hemos encontrado con la fecha del 30 de abril de 1975, día en que el ejército norteamericano abandono Saigón tras una merecida y humillante derrota.
7. "Días de cine", un programa libre e independiente que jamás ha tenido una reunión semanal, ni consejo de redacción, ni ninguna estupidez de este estilo.
8. Vosotros seguid fieles a nosotros o no, como queraís, pero eso sí, os ruego tened a mano un libro, el único salvavidas para aquel que no quiera acabar totalmente idiotizado.



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