Puedo asegurar que ayer vi la película definitiva de gangsters de esta década: American Gangster. No disfrutaba tanto viendo cine de mafiosos desde El padrino, que ya es decir. Quizá simplmente me pilló en un buen día, pero me hizo vibrar a lo grande.

Gran culpa de ello la tiene un guión escrito sin fisuras, donde me quedé asombrado de:

- La tridimensionalidad de los protagonistas. Amamos y odiamos ciertos aspectos tanto del bueno, el detective Richie Roberts (Russel Crowe) como del malo, el capo Frank Lucas (Denzel Washington). Tememos de verdad por la seguridad de ambos cuando se encuentran en apuros. A pesar de ello, se huye de los extremos del arquetípico buen tipo sin fisuras (Richie es incorruptible, pero a la vez un mal padre, mujeriego y algo violento) y del malo como reencarnación de satanás (Lucas se enamora, quizá su peor error, y, en cierto modo, trafica con drogas para dar a su familia y, sobre todo a su madre, la situación económica que nunca tuvieron).

- La deliberada vuelta de tuerca a los clichés del género, aun a sabiendas de que debe mantener unas constantes propias del cine de gangsters de las que no puede prescindir.

- La renuncia a los tentadores diálogos y violencia pop "made in Tarantino", centrándose en mostrar una violencia medida y lógica, no como espectáculo estético y morboso. Y, por suerte, nada de grandes discursos filosóficos improvisados por el personaje sobre la marcha.

- El partido que se le saca a una premisa simple y real. No hemos tenido que retorcernos a algo tan complicado como Infiltrados ("un poli, en realidad malo, contra un malo, en realidad poli"), sino que explota al máximo algo tan simple como "poli incorruptible contra gangster escurridizo". Y te atrapa hasta el final.

Además del guión, en el que no me meto más por no destripar aspectos del argumento, destacan muchas otras tareas. Ridley Scott narra en su mejor estado de forma, volviendo, o incluso superando, al nivel de Gladiator. La dirección artística, ambientada en los 70, es perfecta, con una fidelidad a los detalles que sólo había visto en Munich. La ejecución de los actores es fabulosa, con un Crowe que hace lógico un papel que salta sin problemas de tímido orador a policía violento, de astuto detective a fatal marido, de amigo a verdugo... y un Denzel Washington que ama a su madre y la acompaña a misa, mientras es capaz de interrumpir tranquilamente un café para volar la tapa de los sesos a un enemigo en medio de New York, (por no hablar de sus ya míticas carcajadas de encía negra).

En fin, una lástima que no se hubiera estrenado el año pasado e Infiltrados en 2008. Lo digo por ver si se hubieran alterado los resultados en las estatuillas doradas.