Cambio de miedos

Es curioso comprobar cómo casi toda la ciencia ficción de los 50 y 60 se basaba en premisas desarrolladas bajo el pánico nuclear. Después del fin de la II Guerra Mundial y durante la Guerra Fría, el miedo a los efectos devastadores y genéticos de lo atómico era patente.
Servía de punto de arranque tanto para crear superhéroes (Spiderman, Hulk), como para reflexionar sobre los peligros del futuro (Teléfono rojo, volamos hacia moscú, La hora final, Ultimatum a la tierra) o para hacer mutar -generalmente agigantar- a seres de la naturaleza (Godzilla, La humanidad en peligro, y en oposición, El increíble hombre menguante).
Medio siglo después, la sociedad ha cambiado, los avances tecnológicos han cambiado y, con ellos, los miedos de la raza humana. Ya no se teme a lo atómico. Tras una época de paz larga, los peligros de bombas ya no nos afectan tanto como antes. Salvo algunos desatrosos escapes de centrales de energía nuclear, ya no lo advertimos como un peligro que nos perturbe los sueños.
Hoy tenemos miedo a otro segmento de la ciencia; a las plagas y guerras químicas y/o bacteriológicas, resumidas en un icono, el de la foto inferior. (El cambio climático también está en boca de todos, pero este tema ya se abordará por separado).
El cine de ciencia ficción, como no podía ser menos, ha dado cuenta de ello en sus historias. 12 monos (1995) ya nos mostró un mundo devastado por un virus, pero no sería hasta el renacer del género zombie cuando alcanzaría su cima. Gracias a videojuegos como Resident Evil y cintas como la inglesa 28 días después, la vida real se podía convertir en una película de terror por causa de un virus. El género ha proliferado y desde entonces los zombies ya no son muertos vivientes, sino infectados. Lo hemos vuelto a ver recientemente en [Rec] y Soy leyenda (donde diversificaron los efectos del virus hacia lo vampírico).
Y esto solo acaba de empezar. Desde la Gran Bretaña nos llegará proximamente Doomsday. A pesar de lo que pueda parecer en principio, la oferta no es tan parecida a las anteriores. Hay un virus, hay cuarentena, pero no hay terror. La cinta parece querer devolvernos al género de futuros apocalíticos. Yo la veo más como un híbrido entre 28 días después y Mad Max (virus+retoceso social). Esperemos que no se hunda por el peso de lo comercial y que nos cuente algo innovador. Yo por lo menos, estaré atento.


