¡Gracias, Charlton!
Uno de los grandes se nos ha ido. Tenía 84 años, una enfermedad degenerativa parecida al Alzheimer, varios rifles y más de 50 películas como protagonista.
Desde aquí, y como gran ignorante de su carrera completa, sólo puedo rendirle mi más sentido tributo por las películas que he podido ver a día de hoy. En especial, por ser una de las pocas mega-estrellas del star system hollywoodiense decidido a dar un empujón y a hacer respetar la ciencia ficción.
Destaca en este terreno su trilogía formada por "El planeta de los simios" (1968), "El último hombre...vivo / The Omega Man" (1971) y "Cuando el destino nos alcance / Soylent Green" (1973). Porque nadie le olvidaremos siendo un Taylor enjaulado y enmudecido, tratando de demostrar su inteligencia a los simios totalitarios; ni en ese primer remake del libro "Soy leyenda", descubriendo que no estaba tan solo en el mundo; ni como el necesitado detective que descubrió de qué estaba compuesto el Soylent verde en un mundo superpoblado. Y como último papel (destacable, porque los dos siguientes y últimos no trascendieron), volvió al "Planeta de los simios" (2001), para morir tranquilo en un lugar donde se sentía cómodo: la ciencia ficción.
No nos quedemos, como parecen haber hecho los medios de comunicación, con su apoyo a la ultraderecha americana en su últimos años de enfermedad, sino con su legado cinematográfico (incluyendo su Oscar por "Ben-Hur" (1959)) y su buen hacer delante de la cámara. Eso es lo que Heston aportó y por lo que se le debe recordar.


