La anticipadísima Stargate Universe debutó por fin. El piloto, dividido en 3 partes fue visto alrededor de todo el mundo. La acogida fue... dificil.

Algunos fans de la saga, como yo, estabamos un poco cansados del rumbo que llevaba la serie original. Su punto fuerte no era el desarrollo de los personajes, pero existía en ellos una evolución lenta y una humanidad que los hacía intensos y especiales. Cuando Richard Dean Anderson abandonó la serie, dos nuevas temporadas prolongaron su existencia a modo de bonus track, pero ya no era lo mismo. Y no porque Cameron Mitchell (Ben Browder) no fueran un buen personaje, sino porque todo el resto quedaron en un standby o hibernación en su desarrollo. Nuevas aventuras, nuevo enemigo, pero todos congelados por dentro.

Conscientes de esto y tras verlo en menor medida en el primer spin-off Stargate Atlantis, Brad Wright y Robert C. Cooper (los creadores), deciden lanzarse a algo nuevo y actualizado. Si SG-1 y su fórumla datan de 1997, Universe debía ser una serie nacida en y para 2009. Y lo han conseguido.

La templada recepción de serie, que comentaba al principio, se debe a esto. Los fans de siempre, han ejercido de yonkis conservadores de la propuesta inicial y han mirado con recelo la carga en los personajes de Universe. Los nuevos, han disfrutado de una serie actual, imaginativa y bien ejecutada.

Yo soy un fan desde el principio, pero me gustan en realidad son las historias y los conflictos. Cuando tus personajes son caricaturas de lo que fueron, el drama cae y el interés no se copa. Universe ha madurado la franquicia, y lo ha hecho de la forma correcta, porque el espectador medio de 2009 también lo ha hecho. Todas les series y parte del cine se han ensombrecido y su moral se ha puesto en entredicho (House, Shark, Lost, Mujeres Desesperadas, Dexter...).

El bien y el mal diferenciados por el color blanco y negro han pasado de moda. Ahora el drama radica en el gris. En esa fina línea que separa al héroe del villano y que los convierte frecuentemente en lo mismo. Universe ha sabido jugar esas bazas y lo ha hecho con gracia. Esperemos que el nuevo público disfrute sus aventuras y el de siempre supere el mono de la superficialidad.

El que no arriesga no gana.